Los franceses son los creadores de la idea de los vinos del château, del castillo o palacio. Vinos asociados a una bodega durante generaciones, que producen botellas únicas cada año. Ésa es la idea que el Palacio de Canedo mantiene desde su origen: respetar la naturaleza sin productos ni abonos químicos para que cada cosecha sea diferente, marque el carácter del año meteorológico y se defienda sola una vez descorchada.

En los viñedos que rodean el Palacio y en otros situados en las proximidades pero a más altura para aprovechar mejor las horas del día y evitar el exceso de humedad, se cultivan las variedades que han dado nombre internacional a los vinos del Bierzo: la mencía tinta y el godello blanco.

Estas variedades llegaron de la mano de los franceses en su peregrinar a Compostela, y en el Bierzo fueron evolucionando. Primero en los viñedos de los monjes y más tarde de los hidalgos, hasta hoy.

El blanco, mejor de godello

Los suelos de Canedo, por calidad, composición, orientación y pendiente, son de los mejores del Bierzo para la elaboración de vinos de alta gama. El Palacio apostó desde el origen por los blancos de godello, una variedad que en los años ochenta del pasado siglo estaba desapareciendo de la comarca por la competencia con otras mucho más productivas y conocidas.

José Luis Prada y otros viticultores apostaron por la tradición. Y decidió reponer con godello las faltas que se abrían en las viñas, en vez de recurrir a las variedades internacionales.

El resultado son unos vinos blancos prodigiosos, frescos y muy aromáticos, que se conservan bien hasta dos o tres años. Son tan singulares que entre las variedades blancas nobles de España ya está situado el godello, a pesar de que es una variedad muy minoritaria que solo podremos encontrar en las cercanías del río Sil en El Bierzo y Orense.

Picantal, vino de pago

El Palacio de Canedo apostó por el envejecimiento en barricas de vino Mencía. “No funcionará”, eran las palabras que más oía el bodeguero cuando reservó la zona más fresca del edificio para su parque de barricas. Hoy sus vinos de guarda o el ya mítico Picantal, son vinos de referencia en la comarca.

Es un vino de pago que se hace exclusivamente con las uvas de un paraje de una pendiente exagerada y a la máxima altura cultivable. Por encima, solo habitan los pinos. Da poquísimo fruto, cepas viejas a las que les cuesta dar a luz unos pocos racimos, pero de los que nacen vinos prodigiosos.

Maceración carbónica, mencía joven en todo su esplendor

Entre los tintos jóvenes del Bierzo destaca uno muy singular, el Tinto Maceración del Palacio de Canedo. Es un vino joven de mencía, elaborado siguiendo el más viejo estilo rural de maceración carbónica. Los racimos se meten enteros en la cuba y se dejan macerar unos días, iniciándose una fermentación uva a uva antes de pasar a las tolvas y continuar con la elaboración.

Este sistema produce vinos extremadamente jóvenes que ya se pueden degustar en noviembre, como se hacía antiguamente, alrededor de unas castañas asadas. Un vino explosivo y aromático, y el que más marcada lleva la impronta del año. Vinos sin trampa ni cartón, de cartas boca arriba, “sin subterfugios ni cuentos chinos”, que diría el propio Prada.

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