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Prada: “Somos buenos… pero no divinos”

Hoy desde nuestro blog compartimos esta reflexión de Prada. Un escrito que él mismo ha querido haceros llegar y que esperamos que os haga reflexionar como nos ha hecho a nosotros.

“Viernes, 6 de la mañana, con el papel delante de mí, en blanco, ofreciéndoseme con lujuria… esperando que lo llene de ideas y apreciaciones que sirvan para que alguien saque un provecho, por pequeño que sea… El problema es que en este instante mi mente está también en blanco, está inerte, no está por la labor. Estando así, en esas, viendo que se me esfuma el tiempo, me acuerdo de que ayer jueves, 1 de agosto pasó mucha gente de aquí, de El Bierzo, por el Palacio de Canedo. Iban acompañando y enseñando todas las instalaciones a gente de otros lugares de España y sobre todo extranjeros que vendrían de visita por nuestro Bierzo. La verdad que es gratificante el que nuestra casa sea una referencia y que enseñen todas nuestras instalaciones con cierto orgullo de bercianos. En ese aspecto nos sentimos recompensados y nos da pie para seguir apostando por nuestra aventura, en la que creemos ciegamente a pesar de todos los problemas inherentes al momento por el que atravesamos. A pesar de los pesares, seguimos estando ahí, sin bajar la guardia, sin hacer y realizar nuevas inversiones pero sí mejorando y perfeccionando cada detalle.

Siempre creímos y seguimos creyendo que en ese cuidado de cada sitio, de cada rincón, está la clave para que cualquier visitante que se acerque por el Palacio de Canedo quede sorprendido y, en definitiva, valore un poco más El Bierzo. Tenemos que estar todos: comerciantes, hosteleros, bodegas, viticultores, agricultores, todos, en busca de la excelencia. Antes se me decía que lo del turismo era un “puto cuento”, que con él solamente ganaban los hoteles y los restaurantes. Yo les oía y tenía que callar, ahora ya no me da la gana de hacerlo. Un turismo de calidad siempre, siempre es para bien y bueno para todos los estamentos de cualquier región… siempre; claro está, sin caer en lo fácil, ni en el imperio de lo cotidiano, es decir, estando todos pendientes de hacer las cosas como Dios manda.

Empecé este escrito acordándome de las visitas de ayer 1 de agosto. Bien, pues tengo que decir que un porcentaje alto, tal vez el 30 o 40 por ciento de esas visitas fueron poco o nada fructíferas para nosotros. Me explico: la gente de nuestro Bierzo (ese porcentaje más o menos) va allí a enseñar todo aquello, exigiéndonos, casi, el que tenemos que mostrarles todo, así, sin más, como si tuviésemos la obligación, sí, digo bien, la obligación de hacerlo. Van, vienen, suben, bajan, preguntan y ya cuando vieron todo y fisgonearon en todos los rincones, se van y no son capaces de tomarse un vino o un refresco. «No, no que va, aquí no lo tomamos ni compramos nada, no sea que Prada se haga millonario». ¡Hay que joderse! Que falta de urbanidad y que falta de ética. Así con esa mentalidad no se puede esperar que El Bierzo tire para arriba. Mientras se siga creyendo que todo tiene que ser gratis, que nadie piense en hacer mejor nuestra región, ni nuestra provincia…

Cuando sales por ahí, por ejemplo, días atrás, allí en Malta, te cobran por visitar cualquier rincón que merezca la pena… y desde luego, así, ese rincón o ese edificio se mantiene en pie para gozo y solaz de cualquiera que quiera disfrutar de él. Y, además, se están manteniendo unos puestos de trabajo tan necesarios…

Cuando ves a esa gente que se han pasado allí una hora o media mañana o media tarde entretenidos y disfrutando de todas las instalaciones y no te dicen un “adiós”, ni te dan ni las gracias, que se van de “hurtadillas”, casi como escondiéndose… de verdad es que me jode mucho. Sí, sí, me jode… y pienso no en la pobreza física sino en la pobreza mental de alguien que no valora el enorme esfuerzo que estamos haciendo para mantener vivo este monumento que, en definitiva y última instancia, es patrimonio de El Bierzo.

Nosotros somos buenos, eso más o menos ya lo sabemos, pero no llegamos a ser divinos… ni estamos ungidos del don de la abundancia…”

José Luis Prada Méndez