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¿Qué pensaría una mujer de 1972 si probara los productos Prada A Tope?

Si hay algo que nos enorgullece sobremanera en Prada A Tope es poder afirmar con la cabeza bien alta que llevamos medio siglo sin perder un ápice de nuestra esencia. Cuando José Luis Prada decidió hace cinco décadas que quería exportar la tradición de El Bierzo al mundo, tuvo claras dos premisas. En primer lugar, que utilizaría solo productos de la máxima calidad. Pero, además, no tenía duda de que su apuesta iba a ser por las recetas y las elaboraciones que llevaban a cabo las madres y las abuelas en ese momento en El Bierzo. Como siempre dice él mismo: “no inventamos nada”.

Por ejemplo, cuando hablamos con Prada sobre los pimientos asados, nos cuenta cómo irremediablemente a su mente llega el recuerdo del olor de las calles de Cacabelos en época de pimientos. De ese aroma inconfundible que inundaba los pueblos de El Bierzo cuando las señoras de la época se ponían a asar. Y es eso precisamente lo que aún a día de hoy queremos trasladar con cada uno de los productos que elaboramos en Palacio de Canedo. La tradición, el saber hacer de esas mujeres que trabajaban lo que daba la tierra para alimentar a sus familias con delicias que seguimos poniendo en valor.

Por eso, con motivo del 50 aniversario de Prada A Tope, hemos querido preguntarle a Prada qué pensaría una de esas mujeres si probara una de las conservas que elaboramos en Palacio de Canedo. “Si ahora una señora de 1972 probase unos pimientos nuestros no iba a notar la diferencia, o si come unas castañas o unas cerezas, que es con lo que yo empecé”, nos asegura.

“Las cerezas las hacían en Cacabelos, en Villafranca, en Camponaraya… Se vendían en fresco y las que no, se metían en un recipiente de cristal con aguardiente, canela, hierbabuena, anís… y se iban comiendo en el tiempo”, recuerda Prada. “Ahí es donde empecé a hacer yo las cosas: ¿por qué esto que se hace en las casas no se lo vamos a dar a la gente para que lo pueda disfrutar?”.

Hoy, cincuenta años después, la esencia que nos mueve es exactamente la misma “puedo decir que no hay ninguna diferencia, porque no ha cambiado nada”, asegura. “Podía cambiarlo para ser más práctico, que saliera más barato… pero desde hace años la calidad para mí no es el hacer más cosas o hacerlas más baratas, es seguir haciéndolas de manera natural para que el que lo pruebe pueda disfrutar de esa naturaleza que está en nuestro entorno, en nuestra tierra”.

Por todo ello, no duda en asegurar que “jamás a cualquiera que probase hoy nuestras cerezas le iba a extrañar, porque están hechas como lo hacían ellas y como lo disfrutaron ellas”.