El señorito satisfecho

Hoy escribo mi opinión, no desde el Palomar, no, sino desde un balcón que da al mar, en San Julián, Malta….

Estamos Flor, Manuel y yo haciendo unas mínimas vacaciones: escogimos esta isla del Mediterráneo para ver cosas y de paso ir avanzando ellos en sus conocimientos del inglés… ¡Hay que estar al loro!… no queda otra… Yo, por mi parte, me traje dos librines, de esos de la colección Austral, para también aprovechar el tiempo… Uno de Julio Camba, que en plan de humor habla de América y los americanos, allá en los años 50 del siglo pasado. Lo leí con placer, sus razonamientos y apreciaciones sobre ellos serían hoy, después de 60 años, igual de válidos… genial Julio Camba… El otro librín de Ortega y Gasset ya lo había leído hace muchos años, “La rebelión de las masas”. Al ir releyéndolo, me sorprendía ver y comprobar que decía y afirmaba cosas que tenía almacenadas en estado latente en mi mente, como consecuencia, me figuro, de la observación de las diferentes actitudes de la gente que traté a lo largo de muchos años de experiencia … y que nunca te atreves a manifestar por cierto miedo a parecer ridículo, ya que hacerlo sería y sigue siendo ir contra corriente… Al leer aquellas líneas, escritas hace más de 80 años, es cuando me di cuenta que el comportamiento de la humanidad, a pesar de todos los adelantos habidos y por haber, tanto en la industria, como en la medicina, como en la informática, como con la telefonía, a pesar como digo de todos los avances y logros sociales y a pesar del tránsito de innumerables culturas y civilizaciones a través de los siglos, el comportamiento de las personas no ha ganado nada, más bien todo lo contrario, está perdiendo cada día que pasa su capacidad de raciocinio y subestimando y abandonando su pasado y en definitiva su cultura .

Una parte considerable de la gente que nos rodea cree que su estatus actual le viene dado porque sí, por generación espontánea, que tiene todo el derecho de disfrutarlo porque es obligación y deber de la sociedad dárselo todo hecho… ya que para ellos el vivir es montarse en el carro de la abundancia que sus mayores sudaron y trabajaron para ellos… Ese vivir no es vivir, es vegetar, es ir “viviendo”, mejor dicho “ir tirando” hacia una muerte lenta pero inexorable… El vivir, mal que les pese, es el tener problemas y tratar de solucionarlos, vivir es el luchar día a día por la subsistencia, vivir es el disfrutar con el trabajo cotidiano y bien hecho, vivir es dar un poco de ti hacia los demás. Vivir, en definitiva, es conjugar bien el trabajo, las alegrías, los fracasos y los placeres… lo demás, ¡cuentos chinos!

Me viene ahora a cuento el declive de la aristocracia y el de las familias de alta alcurnia y también el deterioro de los herederos de las grandes empresas y fortunas… Un heredero de un título nobiliario, en la mayoría de los casos, no es nada ni nadie ya que no es él quien lo trabajó ni tiene capacidad de sacrificio para mantener vivo y operativo ese título… entonces no vive, vegeta, avanzando por inercia hacia su total desaparición… es, como decía Ortega, “El señorito satisfecho” … Fijaros sino en los hijos holgazanes, abúlicos y presuntuosos “señoritos satisfechos” que acaban con las empresas y fortunas de sus mayores. Son gente que conocemos muy bien tú y yo, aquí sin ir más lejos, en cualquiera de nuestros pueblos, sí aquí, en El Bierzo…

Decía al principio que la gente no quiere aprender de los errores de las generaciones que le precedieron, no tienen ni quieren tener esa memoria histórica, que les vendría muy bien para actuar y ser mejores. Siempre vuelven a caer, una y mil veces, en los mismos fallos y en los mismos errores. Es una pena, pero es el signo más visible y más característico del hombre y la mujer “civilizados” … Es increíble la ofuscación en la que caemos, nos comportamos como verdaderos párvulos.

Al final hay que reconocer que Ortega tenía razón por aquel entonces. Hoy el maquinismo y los adelantos impresionantes de la técnica, nos hacen “creer a pies juntillas” que nuestra civilización avanza a pasos agigantados e imparables y que nosotros vamos montados en ese carro del progreso sin límites… Pero por desgracia lo que se está consiguiendo es el deterioro brutal de nuestro yo, de nuestro ser, de muestra intimidad… En definitiva, somos y seremos cada vez más los esclavos y vasallos de ese progreso incontrolable.