Desde mi palomar

Hoy miércoles 26 de septiembre, estoy sentado en el pequeño porche del palomar en el que pasamos los meses de verano, sí, es un palomar auténtico… Estoy a cubierto de la lluvia y disfrutando del olor de la tierra húmeda, preguntándome sobre qué voy a escribir hoy en mi primer artículo para El Diario.

De momento, sin saber por qué, al oír la lluvia y ver cómo está reverdeciendo el campo, siento un gran alivio pensando que no habrá más incendios este año, pero pronto me doy cuenta de que eso es una utopía ya que con los primeros calores del año que viene estaremos asistiendo a otros incendios a lo largo y ancho de España y también aquí a nuestro lado, en León, la Cabrera, los Ancares, la Vadería… Y lo peor es que todos seguiremos tan tranquilos criticando, eso sí, lo mal que lo hacen las administraciones, ya que no ponen más, muchísimo más y mejores medios para apagarlos. Ante esto, siempre me pregunto ¿qué pongo yo de mi parte para que no surjan un día sí y otro también, aquí mismo al lado de mi casa? ¿qué hace casi toda la gente aparte de criticar y criticar?… NADA. Hablar, leer las noticias de otro y otro incendio más y, sobre todo, verlas, eso sí, sentados cómodos, ante la televisión…

Al hablar de la televisión, me viene también a la cabeza, el tan traído, llevado y analizado tema de la crisis… A todas horas y en cualquier canal vemos a unos tertulianos, que explican y disciernen, casi con verdades absolutas, sobre este tema…  Sin embargo, creo, no hacía falta ser muy listo para verla venir hace tiempo. Pero aquí, como en los incendios, o como en otros muchos temas, siempre echamos la culpa a los demás y, en especial, a los que nos gobiernan. Y sin embargo no queremos darnos cuenta de lo rápido que hemos querido ir todos y de cómo han cambiado, mejor dicho, como hemos cambiado, nuestras necesidades y prioridades en poco tiempo. Decía mi madre, mucho antes de que se hablase de crisis, sólo viendo como evolucionaba Cacabelos, que no íbamos por buen camino, que ya nadie madrugaba para ir a trabajar el campo, que todo se compraba y nada se aprovechaba, que las nuevas generaciones ya no sabían hacer una matanza, hacer conservas o cultivar el huerto; que no había un sentido del ahorro, del trabajo y del esfuerzo… Eso que podía sonar a añoranzas de un tiempo pasado, no era más que el análisis de una mujer que siempre vivió la crisis de verdad, la de la aldea, la de la guerra… y que no se graduó en una universidad, pero tuvo el mejor título: el de la vida, el del trabajo y la economía doméstica que consigue llevar una casa y una familia adelante… Pienso que cuando la gente olvidó este principio que rigió siempre a lo largo de la historia y se dejó llevar por aquella falacia del “Estado del Bienestar” empezó el declive, lento pero inexorable…

Llevo diciendo desde siempre que aquella oferta tan usada y propagada por los gobernantes era un espejismo con el cual estaban todos convencidos, porque era vender la felicidad a cambio de nada. Y eso, desde mi perspectiva y experiencia del día a día. No es posible.

Desde este Palomar, pienso que hay muchas cosas que decir, que contar y también creo, contemplando nuestra provincia, este Bierzo, estas viñas, que merece la pena seguir trabajando y seguir apostando por lo nuestro, dándole valor, pero también siendo crítico… sin dormirse en los laureles… La verdad es que cada vez estoy más convencido que el futuro, el de verdad, el de la calidad de vida que nos quisieron vender, está en los pueblos, en la sencillez, en rincones como en el que hoy me encuentro y desde el que cada semana trataré de contaros mis verdades, ¡ojo! las mías… que no absolutas…… pero sí… ¡A Tope!